No podía elegir el alcalde un peor momento para eliminar a los hombres anuncio de las calles. En plena crisis de los mercados y cuando más falta hace la economía creativa, suprimir a los hombres anuncio se antoja una temeridad. Mal que bien se ganaban la vida con esos paneles que tanto le divierten a los niños.
Un hombre anuncio es un letrero con piernas y zapatos, y que en general suelen estorbar bastante a la salida del metro. Pero debería saber Gallardón, (él que siempre ha estado de hombre sándwich entre Génova y la Puerta del Sol), que eliminar trabajos humildes sólo lleva a provocar un mayor número de humildes. Y, la verdad, no es que Madrid esté llena por todas partes de hombres anuncio. Hombres tontos sí que hay; mogollón, pero hombres anuncio tampoco son un regimiento que pueble las aceras.
Les podrán quitar la valla con tirantes que llevan encima pero no van a poder suprimir su función. Después del hombre anuncio llegará el hombre cotilla, ése que se te pega a la oreja y te cuenta dónde compran oro a buen precio.
Esta crisis tan brutal obliga a que la gente saque partido de sus necesidades. Mucho peor que anunciar casas de empeño es ponerse a reflotar bancos con el dinero de todos. Pero: ¿a que no hay para prohibir hombres banqueros?, pues eso.
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Comentarios de los lectores
Enviado por: Luis / 10-10-2008 10:51
Jajaja... ¿Y Gallardón no es un anuncio de sí mismo, todo el día llorando por estar en las listas de Mariano?, (¡ay, Mariano, dame algo por favor!), parece que lo ha aprendido en los vagones del metro.