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Incongruencias en el gasto público
Incongruencias en el gasto público
Ángel del Río

Las cosas, a veces, no son como son, sino como a los políticos les parece que son. Hace unos días critiqué severamente que el Ayuntamiento de Madrid se gastara más de un millón de euros en la Noche en Blanco, y no porque tal acontecimiento no lo valiera o no mereciera la pena, sino porque en época de crisis, de ajuste presupuestario, es necesario ahorrar, incluso en aquello que puede ser vistoso.

Se podía haber hecho una Noche en Blanco más austera, más ajustada a la situación actual que exige apretarse el cinturón. Hace unos díos se presentaban en sociedad, que no se inauguraban, los Teatros del Canal, y la Comunidad, que viene pregonando el ajuste presupuestario de forma rigurosa, echó la casa por la ventana, pagando más de 400.000 euros, cerca de 80 millones de pesetas, a la productora de Nacho Cano, por esa especie de pseudomusical que montó, casi en la intimidad, con ocasión de presentarse los Teatros del Canal.

Yo no discuto que el trabajo de Nacho Cano valga ese dineral, ni que fuera necesario presentar estos Teatros antes de inaugurarlos, pero en tiempos de vacas flacas, cuando se pregona el ahorro y se empieza ejemplarizando por las instituciones públicas, parece impropio gastarse ese pastón. Pero no sólo los políticos ven las cosas según conveniencia personal, también los sindicatos, que ven la crisis en ojo ajeno y no la suya en el propio, quiero decir, que callan ante la situación nacional y se lamentan y se revuelven contra la regional. Pero hay otra de esas curiosidades que me llama la atención.

Me refiero al caso Güemes, al acoso y derribo que el consejero de Sanidad sufre por parte de los sindicatos, y que en la última algarada acabó con tres personas detenidas por intentar agredirle. La policía les detuvo por intento de agresión y resistencia a la autoridad, y la Fiscalía de Madrid dice que, como mucho, vociferaron, pero que de intento de agresión, nada de nada, o sea que se lo inventó la policía.

El argumento de la protesta sindical contra Güemes es que quiere privatizar la sanidad pública, y van lanzando que los madrileños tienen que pagar por acudir a los hospitales públicos, que es la falacia más cutre que he escuchado últimamente.

Los sindicalistas se curan en salud y vuelcan todas sus fuerzas, a veces en el sentido literal de la palabra “fuerza”, para que la sanidad privada sea sólo para pudientes y no se mezcle en la vida de la pública, pero cuando resulta que el gobierno de Zapatero decide en los próximos presupuestos generales del Estado, cargarse el convenio que permite a los funcionarios tener también sanidad privada gratis, pagada por la administración, claro, ponen el grito en el cielo y se niegan a admitir que unos cuantos privilegiados, los funcionarios públicos, dejen de tener asistencia sanitaria gratuita. Así se escribe la crónica procelosa de este país, lleno de incongruencias.

 



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