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Por su sede central, que se alza en mitad de la Gran Avenida del barrio, y el vivero de 1,5 hectáreas que sirve de campo de prácticas a los cursos medioambientales han pasado ya unos 7.000 alumnos. Allí han asistido a alguna de las 21 especialidades formativas, como la de estucos, en la que se precia de ser el único centro de la región que la imparte de forma homologada; o bien a alguno de los innumerables programas de formación ocupacional que oferta. Entre ellos, destacan la fontanería, la albañilería, técnico de laboratorio, diseño gráfico o carpintería.
Casi todos los alumnos han llegado a la fundación a través de algún organismo público, como el INEM. Es el caso de David y Santiago, dos parados de larga duración que acuden estos días al taller de climatización. "Está la cosa chunga", contestan cuando se les pregunta por la crisis. A David, encima, se le terminó el subsidio el mes pasado y compagina los cursos con las entrevistas. Por lo menos, admite, cree que le vendrá bien la formación que recibe en Orcasitas.
Otro taller, el de electricidad, cuenta con cuatro alumnos derivados por la Agencia para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor (ARRMI) que cumplen medidas judiciales en régimen semiabierto. Tal y como explica Juan Cordero, coordinador de talleres de la fundación, "si quieres integrar a una persona no puedes organizar un curso cuyos alumnos pertenezcan todos a un mismo colectivo". Por eso, a la hora de programar estas actividades, se tienen en cuenta las características de los alumnos para que estos puedan socializarse mejor.
Sin embargo, continúa, "teniendo en cuenta que en este barrio el fracaso escolar alcanza el 40 por ciento en Secundaria, se hace muy necesaria la formación para el empleo de los más jóvenes". Aunque solo dos de sus talleres están especializados en jóvenes, por aquello de la integración, Cordero opina que serían necesarias más plazas para este colectivo.