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Pero ingresar en un centro de régimen semiabierto o cerrado ya es otro cantar. "Pueden llegar con una medida cautelar o firme, en ocasiones acompañados por la policía, o bien derivados de otro centro, con un educador", explica José Antonio Morales, director técnico del Teresa de Calcuta, gestionado por GINSO. Algunos lo hacen cargados de pertenencias y otros prácticamente con lo puesto, pero siempre se les proporciona ropa y enseres nuevos, con todo lo necesario para su higiene personal y para la vida del centro. Sus objetos personales quedarán cuidadosamente guardados hasta que concluyan su medida.
Después, se les conduce a su habitación. Allí, el menor tendrá ocasión de hablar con su familia. Es la 'llamada de acogida', en la que también el personal del centro habla con los parientes del chaval para explicarles la situación, notificarles lo sucedido en caso de que lo desconozcan. A lo largo de las horas siguientes se le asignará un educador-tutor y pasará un reconocimiento médico, además de ser recibido personalmente por el equipo directivo.
Otra de las prioridades es aclarar todas sus dudas. El reglamento de cada centro, editado por la Agencia para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor, está disponible en todos los idiomas, para llegar a aquellos menores que no sepan leer en español. También se les aclaran todas las dudas. "Les cuesta bastante entender qué es una medida judicial y cuál es su situación real", apunta Pablo Justo. "Además vienen con miedo por las ideas preconcebidas que existen sobre los centros de menores, pero pronto comprueban que son falsas", añade.