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Batalla navideña
Batalla navideña
Pedro Montoliú

Un auténtico ejército de policías nacionales, municipales, agentes de movilidad, miembros del servicio de emergencias, va a ser distribuido por comercios, intercambiadores de transportes, locales de copas y zonas comerciales. Frente a ellos otro ejército de manteros, descuideros, carteristas, borrachos, broncas y camorristas se disponen a  presentar batalla aprovechando la masificación y las fechas navideñas.

La escena se repite año tras año y, año tras año, las fuerzas del orden deben emplearse a fondo. Todos saben que volverán a ganar pero en el combate quedarán diseminados ciudadanos a los que les hayan robado la cartera o el bolso, clientes a los que les habrán causado lesiones en una pelea y lo que es más grave, madrileños que habrán perdido la vida en un accidente motivado por exceso de alcohol o de drogas o en un enfrentamiento mortal .

Como siempre, los principales campos de batalla serán las zonas comerciales a la hora de mayor afluencia de público; las zonas de copas en las últimas horas de la noche y primeras de la madrugada, o las principales vías urbanas  por donde circularán conductores que, quizás, hayan sobrepasado, y mucho, los niveles de alcohol permitidos tras asistir a cenas de empresa o tomarse copas con los amigos.

El sobreesfuerzo a realizar ya ha motivado la protesta de algún sindicato policial que argumenta eso de "no hay suficientes agentes para todo". Y es verdad. Madrid, al llegar estas fechas, no sólo se ve inundada de foráneos -vamos a ver qué pasa este año el 7 de diciembre, tradicional día de colapso en el centro- o de cuantos viven en Madrid y se desplazan al centro atraídos por la multitud sino que, además, organiza, paralelamente, actos que obligan a cortar Madrid como la San Silvestre o la Cabalgata de Reyes

Ello conlleva una demanda extra de agentes que, después, se deja sentir en el servicio normal y obliga a quienes no libran a suplir las carencias. Los sindicatos afirman que esta situación se solucionaría con más agentes. Frente a estas peticiones, los responsables argumentan que una plantilla no se dimensiona en función de una determinada necesidad y los afectados responden que no hay más que repasar el calendario para ver la cantidad de actos que se organizan en Madrid muchos sábados y domingos a lo largo del año y que obligan a dejar sin cubrir los distritos periféricos muchos días laborables.

Todo sería más fácil si fuéramos más receptivos a las campañas de concienciación y a los consejos, si no acudiéramos todos a los mismos sitios y a las mismas horas, si pensáramos, en suma, en los demás. Pero con tantos platillos volantes, con tantos racimos de luces, con tantas estrellas y corazones de colores -sin ninguna referencia a una fiesta concreta- el único mensaje que nos llega es que consumamos, que consumamos y que consumamos antes de que la crisis nos lo impida.



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