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El tiempo y la Guerra Civil hicieron que cambiara su configuración y que se perdieran muchos de los árboles originales. Aún así la parte más antigua -la que se encuentra enmarcada entre la A-6, el puente de los Franceses y el intercambiador de Moncloa- sigue evocando la bella irregularidad de la naturaleza como es propio del estilo paisajista, elegido para configurar el primer parque creado en su origen para el disfrute de los vecinos de Madrid.
Sin embargo, los continuos cambios en el Gobierno municipal retrasaron la creación de este espacio verde. Finalmente, con Eduardo Vicenti como alcalde, se inauguran en 1905 las primeras 37 hectáreas del parque, que después viviría sucesivas ampliaciones, como la del conocido jardinero Cecilio Rodríguez, que también se encargó de rehabilitarlo después de que durante la Guerra Civil sirviese como campo de batalla.
Aún quedan restos de la contienda salpicados entre los árboles, muchos de los cuales sustituyeron a otros anteriores que se perdieron entre el fuego cruzado del bando nacional, situado en el extremo del parque opuesto al intercambiador de Moncloa, y el republicano que se apostó donde ahora se levanta el Cuartel General del Aire.
Pero además hay otros rastros de la guerra, como algunas hondonadas, provocadas por las bombas, que fueron aprovechadas en la reconstrucción del parque para reforzar los desniveles propios del estilo paisajista. La intervención de Cecilio Rodríguez durante el régimen franquista también se ocupó de eliminar todas las muestras ideológicas que los diferentes dirigentes de la capital habían instalado.
Ahora, en la parte más antigua del parque se erigen monumentos dedicados a héroes latinoamericanos que lucharon contra por la libertad contra la colonización española o el régimen castrista.
Además, el visitante del Parque del Oeste encontrará una de las pocas sóforas péndulas que crecen en Madrid, con el follaje dispuesto en cascada que crea el refugio ideal de cualquier niño, y otras muchas especies, como rosales de siria, hayas, ciruelos o cedros. Las que necesitan más humedad crecen en el cauce del arroyo, ahora artificial, pero que durante años broto de forma natural de una fuente de la salud, cuyo manantial ha cambiado de ubicación y arranca en una parte más baja del parque. 