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"Yo amo, yo aaamooo". Otra vez. "Yo aamo, yo aamooo". Teresa Verdera, la profesora de técnica vocal, insiste en repetir la frase mientras los niños tratan de afinar todo lo que pueden su voz. A decir verdad, unos más que otros. Son una treintena de chavales de entre siete y trece años que desde hoy forman parte del coro de Magistralia Nucleo Madrid, una iniciativa cultural puesta en marcha por la Fundación Magisltralia en colaboración con el Ayuntamiento de Madrid, para difundir la afición por la música clásica y popularizarla.
Los que están aquí han sido seleccionados por sus cualidades mínimas: oído musical y calidad vocal. El resto lo da el aprendizaje y, la fórmula, según Teresa, es "aprender jugando y haciendo música". La clase práctica ha empezado. Sentada al piano, la profesora marca el tono con las notas, mientras explica a su jovencísimo aforo cómo la postura interior de la boca, la respiración y el uso de la caja torácica con cruciales para la calidad del canto. "Pensad que tenéis un saxófón dentro y que la bocad el saxo está aquí -dice, tocando su diafragma- ahora tenéis que que coger aire abiendo las costillas". Los chicos intentan copiar su postura, los brazos a modo de asideros de jarrón, pero más arriba quede costumbre, en los costados. Unos ríen, otros bostezan y alguno sigue muy atento las indicaciones de la profesora.
"Para cantar bien hay que saber respirar bien", asegura Joaquín, mientras los chavales le miran entre atónitos y despistados, sin saber muy bien cómo poner eso en práctica. Les gusta seguir el juego de la mímica: "Ahora colocad el paladar de atrás, el blandito, como si quisiérais bostezar"; "ahora sujetad las costillas"; "ahora poned la mano delante de la boca: tenéis que sentir el calor del aliento mientras cantáis". Tanta información en una sola clase es difícil de asimilar pero los niños y niñas que la escuchan tratan de seguir sus instrucciones. La gran ventaja de este grupo de escolares es que "no necesitan formación musical porque a cantar puede aprendr cualquiera", reconoce el director.
El coro ha echado por fin a andar. Y también la orquesta, que ensaya los sábados en en centro cultural municipal Vázquez Montalbán, hasta que Magistralia Nuckleo Madrid pueda trasladarse definitivamente el año próximo a su sede definitiva, en el Palacete de la Quinta de los Molinos. En los meses que restan del curso escolar harán sus tres primeras representaciones que, en un futuro, darán pasado a conciertos conjuntos y participación en certámenes, donde se tendrán que medirse con otras corales y otras orquestas infantiles "de España y, por qué no, del mundo", explica Joaquín Valdeón. "Intentaremos que no sólo aprendan, sino que se diviertan -matiza- con clases dinámicas y divertidas, pegadas a la realidad y con un lenguaje nuevo, con repertorios actuales". Además los chicos tendrán la oportunidad de recibir clases junto a instrumentistas profesionales, algunas lecciones para perder el miedo escénico, y asistirán juntos a algún concierto en directo. Y el ensayo continúa. "Yo amo, yo aaamoooo".