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Joaquín Sorolla adquirió el primer solar en el paseo del Obelisco, ahora del General Martínez Campos, en 1905 y fue a partir de ese momento cuando comenzó a realizar diversos dibujos que planificaban cómo iba a ser su futura vivienda. El diseño de la fachada, la planta del inmueble, el jardín o los interiores centraron sus pensamientos durante esos años en un proyecto encargado al arquitecto Enrique María de Repullés y Vargas. Esos dibujos son los que se exponen ahora y hasta el 14 de octubre en la Casa de artista, convertida en museo en 1931, y que muestran más que nunca la sensibilidad de ‘arquitecto’ Sorolla, “una faceta que antes no se conocía”, como bien dice el director del museo, Florencio de Santa-Ana.
“Pretendemos mostrar a través de estos dibujos cómo se va generando la construcción de la casa, la evolución de las ideas”, dice Santa-Ana tras apuntar que Sorolla había vivido en alquiler durante muchos años en Madrid por lo que “cuidó mucho” su nueva vivienda. En un principio, según el director del museo, “Sorolla diseñó una casa de tipo estoicista con dos torres pero el arquitecto presentó en 1910 un proyecto muy clasicista”. En esta diferencia de visiones se impuso Sorolla, “que era muy dominante y cambió el chip a Repullés que tuvo que amoldarse a lo que quería el pintor” en proyectos posteriores.
La muestra se organiza en seis secciones en las que se reparten los dibujos de carboncillo y lápiz, “muy simples, espontáneos y poco matizados”, desde esas primeras ideas hasta las sugerencias para los decorados interiores, “era un acumulador de objetos”, comenta el director del museo. La quinta parte de la exposición es una de las más completas ya que en ella se presentan los diseños de Sorolla para la plantación del jardín. Se trata de unos de los elementos más estudiados y más queridos por el pintor que manifestaba un claro entusiasmo por lo andaluz, aunque en cierta manera se equivocaba “porque creía que levantaba un espacio hispano-musulmán cuando en aquella época en Sevilla había jardines de origen italiano”.
Todos los bocetos, sin embargo, no sirvieron de inspiración para el artista en alguno de sus cuadros aunque sí pintó, por ejemplo, sus jardines “una vez que estaban plantados” como se aprecia en alguno de sus últimos lienzos. “Es difícil comparar los dibujos con los cuadros, no se encuentran semejanzas claras”, dice Santa-Ana que no duda a la hora de valorar la aportación de Sorolla a la pintura española: “ofrece espontaneidad y una facilidad de mano única”.
Esta exposición habla de nuevo del lado intimista del artista como ya se hiciera en la anterior muestra 