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Al entrar a la Caja del Silencio el griterío se difumina y se puede oír el cantar de los pájaros propio de las zonas arboladas. Además, unos pufs invitan a detenerse un momento y descansar.
Así, la intención de este oasis en medio de la algarabía de Juvenalia es dar a conocer las actividades que se realizan en los espacios verdes municipales, pero sobre todo sensibilizar a los niños con la repercusión del ruido en la calidad de vida y el estrés.
No obstante, no todos los visitantes están tan concienciados de los beneficios de la tranquilidad. Hay niños que al entrar a la Caja piden a sus padres ir a otro stand porque lo que quieren es jugar y saltar. También jóvenes que entre escuchar música y bailar y el silencio prefieren lo primero, como Zoulal, Eva y Lorena, de entre 13 y 14 años. Aunque reconocen que tiene que haber de todo y que el ruido del tráfico y las bocinas es molesto. 